11-Voy a ser sincero contigo

La luz grisácea se filtraba por la ventana abierta. Una suave brisa otoñal llenaba la habitación de aire fresco con olor a pinos. Había llovido hacía poco, olía a tierra mojada. Las cortinas ondeaban perezosamente frente a los pies de la cama. El trino de los pájaros se mezclaba con el rumor de las copas de los árboles y un lejano sonido gorgoteante que no alcanzaba a identificar. Tal vez un arroyo.

Una ráfaga de aire frío terminó de despertar a Gregorio. Se encontraba descansado y lúcido. El pijama de hilo era fresco y cómodo, y un pesado edredón le mantenía caliente. Removió los pies perezoso bajo las sábanas almidonadas y estiradas.

Aspiró una gran bocanada de aire y sonrió, se sentía lleno de energía. De repente recordó la huída, a Abdellah, a Liria. ¡A su mujer! ¡Su mujer y su hija! ¡Sofía! ¡Claudia! Quiso saltar de la cama pero fue imposible. Tenía ambas manos esposadas al somier.

Miró frenético a los lados. No reconocía la habitación. No era la misma. ¿Qué había pasado? Pensó que le habrían cambiado de habitación durante la noche, pero el paisaje que alcanzaba a ver por la ventana no se parecía en nada a la finca de Abdellah.

Abdellah, entró con una taza de café en la habitación.

-Hola Gregorio, ¿Qué tal te encuentras?
-¿Dónde estamos? ¿Por qué estoy atado?
– No estás en Málaga, si es lo que quieres saber, y estás esposado- le corrigió,- así que no tires o te harás daño. No te puedo decir dónde estamos, al menos mientras no sepa quién eres.
-¿Cómo que quién soy? ¡Soy Gregorio Zabala, joder! ¡Me recogiste en el hospital, viniste con Luis!- Gritó Gregorio fuera de sí.
-Tranquilo, eso lo sé. Lo que quiero saber es por qué eres tan importante.
-¡Pero yo qué voy a ser importante, Abdellah, por el amor de dios!

Abdellah lo miró fijamente durante unos instantes eternos. Dio un sorbo al café y salió de la habitación. Al cabo de un minuto volvió con una segunda taza de café humeante.

Dejó la taza sobre la mesilla de noche, rebuscó en el bolsillo de su pantalón vaquero y liberó el brazo derecho de Gregorio para permitirle sentarse frente a él.

-Tómate el café. Las infusiones que prepara Liria a veces dan resaca.

Gregorio cogió la taza de café y la olió desconfiado. Se acercó la taza a los labios y miró a Abdellah.

-Tranquilo, el café lo he preparado yo. Liria siempre lo deja aguado. Es café y sólo café. Te despejará.
-Gracias.
-Es un placer. Y ahora te seré sincero porque quiero que tú lo seas conmigo. Necesitamos saber a quién tenemos en nuestra casa. Hasta donde yo sé, Márquez quiere matarte. A ese hijo de puta le conozco bien, puedes creerme. No hace falta mucho para cabrearle de ese modo, pero a ti te tiene una inquina especial. ¿Se dice inquina?
-Sí, lo has dicho bien. Eso que me llevas de ventaja. Yo sólo sabía lo que salía en los medios y comentarios que llegaban de conocidos que habían tenido algún tipo de trato con él. Nada más allá de su habilidad negociadora y del poco escrúpulo a la hora de conseguir lo que quiere.
-Pero quiere matarte y no sé por qué.
-Digamos que me encargaron los planos de una teórica bomba nuclear capaz de subyugar a toda la humanidad. Teorizar sobre esa bomba para prevenir a la humanidad ante quien la quisiera construir. En realidad no es una bomba, es algo más complejo, pero para entendernos bastará.
-Ahá. ¿Y qué pasó?
-Que esos planos llegaron a manos de Márquez. Y va a construir la bomba.
-¿Y si él tiene ya los planos, por qué te quiere muerto?
-Porque yo podría desactivarla. Podría explicarte a ti cómo detectarla y cómo evitarla.
-Bien, y aparte de que te mataría, ¿qué te impide desactivar la bomba?
-¿Sabes?, desde que desperté en la habitación del hospital no dejo de pensar en eso. Estoy jodido. Ahora no hay tiempo de explicar en los círculos adecuados de qué va todo ésto. No hay tiempo. Si lo hubiese visto venir, si no me hubiese lanzado como un maníaco a resolver este enigma, hubiese sido posible alcanzar al público objetivo. Si ahora aparezco y acuso a Márquez de querer usar mi trabajo simplemente usará a la prensa, la televisión y las hordas de bots de las redes sociales para desprestigiarme y convertirme en un bufón. Tiene la información en su mano, puede manipular casi lo que quiera. Sería tan fácil acabar con mi prestigio primero y en cuanto me diera a conocer, sería tan fácil encontrarme y hacerme desaparecer… Pero de todas formas, aunque me dieras la certeza de que me van a creer, que me tomarán en serio, aunque tuviéramos la garantía total de que si yo hablo libraríamos al mundo de su perdición, me temo que no podría hacerlo.

Abdellah le miró en silencio, sentado frente a él en una silla de mimbre, con la taza de café apoyada en una mano.

-Tu familia-, apuntó para que siguiera.
-Las mataría al momento-. Gregorio tragó saliva, intentando contener las lágrimas.- Si yo hablase las condenaría a una muerte segura.
-Tu silencio es su seguro de vida.
-Eso me temo.
-Bien, entiendo que Márquez tiene unos planes y el único que se los puede fastidiar eres tú. Ahora mismo estáis en tablas. Pero me falta Luis.
-¿Mi amigo?
-Sí. ¿Qué saca él escondiéndote?
-¡Qué va a sacar! ¡Salvarme la vida!
-Permíteme que lo dude.
-¿Por qué? Conozco a Luis desde que éramos dos mocosos, no me vas a convencer de que tiene otros planes para mí. Luis es como un hermano. Jamás…
-¿Recuerdas que te dije que era el sicario de Umberto Márquez?
-Perfectamente.
-Bien, pues sicario no es una palabra que abarque totalmente las funciones que desarrollaba para Márquez.
-No entiendo.
-Verás, mi trabajo consisitía, casi siempre, en perseguir un objetivo, obtener algo de él y después eliminarlo. No era simplemente liquidar a Fulano de Tal. Aunque a veces sí lo fuera.

Gregorio le miraba con la taza levantada a medio camino de la boca sin decir nada.

-¿Recuerdas al ministro Pereda?
-¿El de Hacienda?
-El mismo. ¿Recuerdas cómo murió?
-Un accidente de avión, si mal no recuerdo.
-Recuerdas perfectamente. ¿Y qué hizo unos meses antes de morir?
-A ver, murió hace unos… ¿seis años? Fue bastante polémico… ah, coño, la Ley Pereda de economía sistémica.
-¿Recuerdas en qué consistía?
-Claro que sí. Reducía al 0,5% la tributación sobre los beneficios netos de los bancos así como la eliminación del pago de seguros sociales para los trabajadores de la banca y un tipo de IVA especial que se recaudaba pero no iba a parar a las arcas públicas sino a un fondo de garantía bajo el control del banco.
-La justificación fue que al ser un elemento sistémico de la economía, no podían gravarlo como a una empresa cualquiera para salvaguardar su funcionamiento. El famoso «too big to fall». Por lo tanto, cualquier empresa lo suficientemente grande se acogería inmediatamente a dicha ley de protección después de algunas demandas al estado por el por qué éste sí y yo no. Así, Márquez podría financiar aliados hasta que consiguiesen alcanzar la masa crítica a cambio de distintos y perversos favores.
-Santo dios.- De repente Gregorio cayó en la cuenta.- ¿Tú provocaste ese accidente?
-Así es-, respondió Abdellah.- Conseguí colocar un generador de pulso electromagnético a bordo. Se activó a 40.000 pies. Con la electrónica frita, cayó a plomo con quinientos pasajeros y la tripulación.
-Abdellah…

Abdellah. Guardó silencio sin bajar la mirada.

-Fue mi último trabajo para Márquez. Me colé en la casa de Pereda una noche, sedé a toda su familia y al servicio antes de despertarle-, siguió Abdellah con la mirada más allá de las cuatro paredes de la habitación.- No tuve que insistir mucho. «Si quieres vivir, tienes que hacer esto. Si se lo cuentas a alguien, morirá». Intentó por todos los medios dejar testigos. Yo tenía todas sus comunicaciones interceptadas y le perseguía a todas partes. Si sospechaba que había susurrado el asunto a alguien, me deshacía de ese alguien. Tuve que matar a trece confidentes antes de que sacase adelante la ley chupando pollas y arrastrándose por el suelo suplicando, vendiendo su alma. La política es un asco.

A Gregorio le temblaban las manos.

-Pero no todo está podrido. En Interior había gente íntegra y se olían algo. No podía simplemente cortar los frenos del coche oficial. Ni tirarle un piano encima al ministro, tenía a un montón de policías acercándose demasiado, ya casi podían oler el rastro. Al final, la forma más sencilla de esconder una mancha de sangre fue teñir todo de rojo-. Abdellah volvió de su ensimismamiento.- No te imaginas la carcajada que soltó Márquez al recibir la noticia. Me felicitó efusivamente. Me invitó a un puro. Una palmada en la espalda. Eres el mejor, me dijo. ¡El mejor! ¿Te imaginas?

Gregorio no podía responder. No le llegaban las palabras a la garganta. Estaba sentado en la cama, en pijama, con un café caliente charlando con un asesino implacable. Casi un genocida.

-Gregorio, sé lo que estás pensando y tienes razón. Soy un monstruo. Me crié sin padres, sin familia, rodeado de muerte y pronto destaqué tanto por mi talento para esquivarla como para infligir el castigo final. Me entrenaron para acabar con objetivos muy concretos, al servicio de quien pagase por mis servicios. Trabajé para mi gobierno buscando redención, pero descubrí bien pronto que no es un buen lugar para buscarla. Los hombres malvados se sienten tentados muy pronto por usar los servicios que yo proveo. Infartos, ictus, derrames cerebrales, accidentes de coche, ataques terroristas, shocks anafilácticos… ¿Te imaginas poder quitarte de en medio a tus rivales políticos sin sufrir consecuencias? ¿Eliminar disidentes peligrosos? ¿Tal vez a una amante indiscreta?

Gregorio temblaba. Empezó a derramar el café en el suelo. Abdellah soltó su taza y sujetó las manos de Gregorio. Le miraba a los ojos.

-Dije que sería sincero contigo. Jamás lamenté ni una sola de esas muertes. Ni una sola. Ni la de mis objetivos ni la de las víctimas colaterales. No los conocía. Simplemente estaban vivos y había que conseguir que su corazón dejase de latir. Segué más de quinientas vidas el día que derribé el 380 en el que viajaba el ministro y después me compré un donut de chocolate fondant. Márquez me felicitó. Me dio un bonus. Me fui a casa a celebrarlo con Liria. Quería darle una sorpresa. Podríamos tomarnos unas vacaciones. Pero ella me tenía otra sorpresa a mí. Me enseñó un test de embarazo, saltó sobre mí y casi me lo mete en un ojo cuando entré en casa. Estaba pletórica. Y embarazada. ¿Sabes qué sentí?
-¿Q…qué?
-Pánico. Por primera vez en mi vida. Una bola de plomo empezó a crecer en el centro de mi pecho, segundo a segundo. Me dejó sin aire, me oprimía los órganos. Iba a ser padre. Y de repente, uno por uno, hombre por hombre, mujer por mujer, todos aquellos a quienes había matado eran mis hijos. Muertos en un enorme montón con quinientos hijos más coronando el pastel macabro de cuerpos sin vida. Eso pensé. Pensé en lo fácil que sería que alguien matase a mi hijo, que me lo arrebatasen. En cómo se desmoronaría Liria, cómo la desesperación la llevaría a la locura. Perder a su hijo. A nuestro hijo. Le vi morir una y otra vez. Lloraba, Gregorio. Lloraba como un crío por todas las vidas que segué. Liria pensaba entonces que era por la emoción. Toda la culpa que no sentí jamás. Muerte tras muerte. Todos eran hijos de alguien, sentí el dolor de su familia, muerto por muerto. Sentí la desesperación de sus madres. Y todas tenían el rostro de Liria.

» No hacía ni treinta segundos desde que sabía que iba a ser padre y ya amaba a esa criatura con toda mi alma. Allí me tenías, el gran asesino despiadado llorando por un puñado de células en la barriga de mi mujer. Liria estaba radiante, hablaba a toda velocidad, proponiendo nombres, enseñándome catálogos de carritos y de ropa de bebé. Y todo en lo que yo podía pensar era en protegerles. En cómo protegerles. Liria sabe defenderse sola muy bien, pero sabía tan bien como yo que la vida que tenía en su vientre significaba la redención a toda una vida de muerte y sufrimiento. Liria sólo conoció la guerra hasta que nos encontramos. No fue fácil pero conseguimos que escapara de aquella miseria. La alejé de la guerra pero no de la muerte. Este bebé era su redención, su recompensa a una existencia de dolor: una nueva vida.

» Así que me metí en el baño, me sequé las lágrimas, llamé a Márquez y le dije que no me llamase nunca más. Que lo dejaba. Montó en cólera, por supuesto. Tenía grandes planes para mí y ahora me había convertido en un cabo suelto muy peligroso. Sé que mandó asesino tras asesino buscándome, algunos muy buenos, de hecho. Pero los vi venir a todos. A algunos los pude esquivar. A otros, no. Márquez no dejaba de llamarme ni de mandarme mensajes. Nunca pudo localizarme. Mi teléfono viaja por el mundo de amigo en amigo. Así cuando intenta localizarme mediante la triangulación de la señal de mi teléfono siempre está dentro de un coche a toda velocidad camino de su siguiente parada, encendido el tiempo justo de recoger las llamadas perdidas y los mensajes y hacérmelos llegar.

» El último sitio donde buscas una pulga es debajo de tus pelotas, así que me quedé cerca. Nació una niña preciosa. Va a cumplir siete años, Gregorio. Y hace 36 horas sonó este teléfono-, le dijo enseñándole un viejo Nokia. – Era Luis Areces. Que Luis me llame a este número significa varias cosas. Uno: lo ha conseguido de alguno de mis amigos y un hilo lleva a la cuerda. Dos: Sabía dónde encontrarme. Tres: Es aún más peligroso que Márquez.

-Tú no conoces a Luis. Él no mataría a una mosca- negó Gregorio con una sonrisa nerviosa.
-¿Tú crees? ¿Tienes muchos amigos capaces de encontrar al ex asesino del hombre más poderoso del país a sus espaldas para hacer de niñera de su amigo?
-Pero… Luis no…
-Piénsalo. No acepté el trabajo de Luis por dinero. Me sobra dinero para esta vida y para otras diez. Luis me ha encontrado, Gregorio. Ha puesto en peligro lo único que me mantiene con vida. ¿Lo entiendes? Claro que lo entiendes. Tú y yo estamos en la misma situación.

Gregorio asintió con la cabeza, mirándose las manos.

-Así que por favor, dime qué pintas tú en todo ésto antes de que empiece a cortar cabezas a la hidra, empezando por ti.

  si te gustó y quieres apoyarme.

15 opiniones en “11-Voy a ser sincero contigo”

  1. Una buena sorpresa encontrar un nuevo capítulo en mitad de agosto.
    Ha estado muy bien, a ver hacia dónde va, pero de momento sigue enganchando.
    ¡Gracias!
    Creo que nunca volveré a tener una oportunidad como ésta de ser el primero en dejar un comentario 😉

  2. Muy interesante este episodio de revelaciones.
    Estoy deseando ver cómo enlazan las dos historias, aunque ya me voy imaginando posibilidades.

  3. Los pelos como escarpias, he leído toda la serie en los últimos días y éste ha sido el mejor con diferencia.

    Esperando impaciente el próximo capítulo.

  4. Ah… pues muy bien, joder con lo negativo de la reseña en Wardog y el Mundo, me había preocupado. Me parece un muy buen giro de la narrativa. Sinceramente buen trabajo.

      1. HAHAHAHA no hombre no, me refiero a tus propias palabras de «No encontraba las palabras», «no tengo mucho tiempo para escribir», «me quedaba volando en círculos alrededor de lo que quería escribir». Parecía más una disculpa XD

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