14- Sánchez, Sánchez

El cuadricóptero volaba hacia el oeste lo suficientemente bajo como para no aparecer en el radar y lo suficientemente alto como para que nadie viese el cargamento macabro que los cuatro fugitivos llevaban en el vehículo con las puertas abiertas.

Null pilotaba con destreza usando las manos cortadas del piloto para engañar al sensor de huella digital de todos los mandos. Diego estaba sentado en el asiento del copiloto, examinando uno de sus cuchillos, afilándolo y engrasándolo.

Aristóteles iba sentado detrás, dando cuenta de las raciones militares que había encontrado en una de las mochilas.

-¿Sabes, sargento? Hay soldados para quienes esto que lleváis vosotros es una bazofia, pero eso es porque no han tenido que comer las gachas de Null. ¡Gloria bendita es lo que es esto! ¡Y carne de verdad! ¡Madre mía! ¡Con esto y con las inyecciones de magia que os ponen es normal que estéis hechos unos hombretones! ¿No te parece, Sánchez?
-¡La próxima vez te prepararé piedras con salsa de tuercas a ver si te hartas de una vez!- rezongó Null desde delante.

Aristóteles rió y le dio una palmada en el hombro lo suficientemente fuerte al sargento como para que se desequilibrase. El grandullón le ayudó a sentarse de nuevo.

-Perdón, Sánchez, perdón…- dijo Aristóteles abriendo otra lata de estofado con zanahorias.-Sé lo que estás pensando. El tragaldabas está como una cabra. El loco de las barbas se ha cargado a mis hombres con un banco en un pueblucho de mierda y ahora, mientras se come las raciones de diez hombres, quiere que seamos amigos. Qué loco. Aristóteles me llamo, por cierto.

Guardó silencio unos instantes mientras miraba a Sánchez para ver si se presentaba, pero Sánchez siguió mirándolo en silencio con expresión feroz.

-Bien, ya. Supongo que claro, tal vez me he propasado ligeramente. Tal vez debería haber dejado con vida a los soldados que no intentaron matarme viéndose perdidos. En agradecimiento tal vez hubiesen sido útiles. El honor es algo maravilloso, pero en las personas con deudas, cambia de bando con mucha facilidad. Tal vez hubiese debido dejarlos inconscientes, pero ese territorio lo domina muchísimo mejor mi amigo Diego. Es raro que yo deje a alguien inconsciente, ¿sabes? No es por presumir, en absoluto, es que no se me da bien. Y cuando se trata de vosotros… pues qué quieres que te diga, no sois mejores que cucarachas. Y cuando pisas una cucaracha, no quieres que vuelva arrastrándose después a su madriguera a poner huevos. No, no queremos eso, no con los de élite…

Aristóteles se rascó la cabeza por encima del gorro de lana y guardó silencio mientras masticaba. Miró a Uno, derrumbado en un asiento junto al portón abierto del cuadricóptero. Tenía los ojos cerrados, el cinturón abrochado y la expresión serena, salvo los labios ligreamente apretados. Y dos incontenibles torrentes de lágrimas.

-Ay, Sánchez, la que has liado. Conocimos a ese chico esta mañana. Era un buen chaval. Un chaval joven, muy despierto. Y listo. Se le daban bien los ordenadores. Hizo cosas que Null no había podido hacer- dijo bajando un poco la voz. -Y eso, amigo, es mucho decir. Uno tenía esperanzas en él, y no tengo que decirte, amigo, que ahora está muy disgustado. Le he visto muy pocas veces así, aunque tampoco es que le conozca de toda la vida, ¿sabes?

Sánchez le miraba con su cara de prisionero. No demostrar miedo. No hablar. No mentir. No apartar la vista de quien te esté hablando. No perder ningún detalle. La misión no acaba nunca y aunque parecer evidente que ahora mismo la situación es muy mala, no tiene por qué acabar así.

Sólo quedaban vivos el piloto, lisiado de ambas manos y él, atado con las manos a la espalda. De cualquier forma, están en territorio amigo, el cuadricóptero, pese a estar en manos de los rebeldes, era su territorio y aunque frágil, era una ventaja. Detrás de él, amontonados, iba los cuerpos de sus soldados, apilados como sacos de patatas. El suelo, justo detrás del grandullón barbudo, atestado de armas en unos cajones.

Si pudiese encontrar una situación propicia… De pronto alguien le zarandeaba. Aristóteles, por supuesto.

-¡Sánchez! ¿Quieres comer algo, Sánchez? ¿Un poco de agua?
-No quiero nada.
-¡Venga, hombre! Os hemos dado una paliza de las buenas. Aunque sea un poquito de agua para enjuagarte la sangre de las muelas que te salté antes por lo del chico.

Aristóteles le ofrecía un botellín de agua fría. Tal vez le serviría para quitarse el sabor a hierro de la boca y las desagradables hilachas de que notaba en el hueco de su dentadura.

-Agua,- dijo.

Aristóteles reventó la botella de agua contra la cara del rehén, salpicando todo alrededor. Sánchez cayó de espaldas y Aristóteles lo levantó de nuevo.

-Aquí tienes el agua.- La cara de Sánchez era un reguero interminable de sangre recorriendo valles entre nuevos abultamientos.- Seguramente a Rama también le hubiese venido bien el agua, de no haberle reventado la cabeza, asesino. Ya, ya, ya… ya sé lo que piensas, que yo no soy mejor que tú. Y es cierto. También mato, sí. Y sé que eso me convierte en un ser despreciable. Pero lo hago con un fin, Sánchez. Yo tengo una misión y Uno me ha dado la oportunidad de cumplirla. Y mi misión no es, como siempre os dicen, atrapar a un viejo, dos locos y una cría en un pueblo de mala muerte. No, Sánchez, no… Mi misión es mucho más grande.

-Estáis locos…- balbuceó Sánchez. – Vais a morir todos.
-Claro, coño, todos vamos a morir. Algunos hoy, otros no.

El cuadricóptero sobrevolaba la autopista del oeste, una gran cicatriz rectilínea que cruzaba el país desde el sector 28 hasta el mar. Decenas de afluentes entraban y salían de la autopista sin prestar la menor atención a al cuadricóptero.

-Yo moriré hoy-dijo Sánchez mirando desafiante a Aristóteles.
-Es posible.- Dijo Aristóteles encogiéndose de hombros.
-Vosotros os las veréis con la justicia.
-¿Ves? ¡Eso ya me extrañaría más!- rió Aristóteles con ganas.

Sin previo aviso, Sánchez rodó hacia el portón del cuadricóptero y cayó al vacío. Null, Diego y Aristóteles sonrieron.

-Todos lo hacen. Qué gilipollas.- Resopló Null.

Aristóteles se asomó por el portón y vio a Sánchez colgando boca abajo de la cuerda que le habían atado a un pie.

-¿Necesitabas tomar el aire, Sánchez?- le preguntó riendo. Sánchez le devolvió una desquiciada sonrisa ensangrentada y Aristóteles vio caer una anilla desde las manos anudadas a la espalda.

-¡Granada!- gritó Aristóteles al tiempo que cortaba la cuerda que sujetaba al sargento y cubría a Uno. Null ascendió instintivamente esperando la sacudida de la explosión. No fue tan fuerte como esperaba, habían reaccionado pronto.

Suspiraron aliviados. Pero sólo un segundo. Todos los mandos del cuadricóptero se retrajeron dentro de la consola. Los cinturones de Null y de Diego se bloquearon. En la pantalla de la consola central, justo entre los parabrisas angulosos se leía:

NAVE SIN COMANDO. RETORNO AUTOMÁTICO.

Los motores empezaron a zumbar a toda potencia y el aparato giró bruscamente 180 grados. Sin el soldado al mando de la operación vivo, la nave volvía automáticamente a casa.

Estaban atrapados a mil metros de altura. Habían recorrido poco más de trescientos kilómetros en 2 horas. En menos de media hora estarían en la boca del lobo.

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14 opiniones en “14- Sánchez, Sánchez”

  1. No. Me niego a leer todo desde el principio porque no me acuerdo de nada y ni idea de por qué están en ese cuadricóptero.
    Voy a esparar al 2056, cuando lo termines, y leo todo junto.

  2. erratas:

    «… aunque parecer evidente que ahora mismo la situación es muy mala, no tiene por qué acabar así.»
    «… amontonados, iba los cuerpos de sus soldados…»
    «… las desagradables hilachas de que notaba…»
    «… sin prestar la menor atención a al cuadricóptero.»

    Y lo de la granada… por qué no la explotó dentro del cuadricoptero?? xD

    1. Supongo que por lo que les dijo de que se las verían con la justicia, no los quería matar, quería lo que consiguió, morir y que el cuadri los llevará hasta la justicia.
      Es mi opinión, 😉

      1. También es posible que tuviera miedo de que le pillaran y tiraran la granada fuera antes de que explotara, perdiendo toda oportunidad

  3. Aquí tus fieles agradeciéndote tu nueva perla. Por cierto, mi siguiente donación toca en el capítulo 15 XD, a ver si te animo. Yo cumplo eh! que conste…

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